Cannabis y kratom: más relacionados de lo que cree Internet


Cannabis y kratom: más relacionados de lo que cree Internet
Luke Sholl

La idea extendida de que el cannabis y el kratom no tienen relación farmacológica es inexacta. Comparten receptores y enzimas hepáticas: esto muestra la investigación.


Este artículo tiene únicamente fines educativos. No constituye asesoramiento médico ni promueve el uso de ninguna de las dos plantas, por separado o combinadas. Véase la nota completa al final.

Busca «cannabis y kratom» y te encontrarás una y otra vez con la misma frase tranquilizadora: dos plantas, dos sistemas totalmente distintos, sin relación entre sí. Es una idea cómoda. Pero no refleja del todo lo que muestra la investigación.

La biología real es más enrevesada —y más interesante— que esos tópicos. Existe un solapamiento real entre cómo actúan ambas plantas en el organismo, tanto a nivel de los receptores como en la forma en que el hígado las metaboliza. Ese solapamiento es precisamente lo que explica por qué tratarlas como dos sustancias sin relación es un error, y por qué combinarlas a la ligera es menos predecible de lo que parece.

El relato de los «dos sistemas distintos» y dónde falla

La versión popular dice así: el cannabis actúa sobre el sistema endocannabinoide a través de los receptores CB1 y CB2, mientras que el kratom actúa sobre los receptores opioides. Como punto de partida, es razonablemente correcto.

El problema es que el principal alcaloide del kratom, la mitraginina, no es una molécula «solo opioide». La investigación la describe como farmacológicamente mixta, con actividad sobre subtipos de receptores opioides, adrenérgicos, serotoninérgicos y dopaminérgicos [3]. Es mucho más versátil de lo que permite ese planteamiento simplificado.

Y el sistema endocannabinoide —el terreno propio del cannabis— también parece formar parte del cuadro. En estudios con roedores, la mitraginina produjo efectos cognitivos que se asemejaban a los del THC y la morfina, efectos que se revirtieron al bloquear el receptor cannabinoide CB1 [1]. Dicho de otro modo, al menos parte de la actividad del kratom parece transcurrir por la misma señalización cannabinoide que el cannabis activa directamente.

Una salvedad crucial: se trata de evidencia preclínica, en modelos animales. Nos dice algo sobre el mecanismo, no sobre lo que ocurre en las personas. Pero basta para descartar la idea de que ambas plantas ocupan mundos bioquímicos completamente separados.

Donde el solapamiento se vuelve específico

Esa maquinaria compartida no es un efecto generalizado: aparece en algunos contextos y no en otros, lo que hace que la ciencia resulte creíble en lugar de vaga.

En un estudio de 2023 se observó que la señalización cannabinoide contribuía a la actividad de la mitraginina frente al dolor neuropático en modelos animales, pero no frente al dolor inflamatorio [2]. Los investigadores señalaron que el kratom y el cannabis se usan con frecuencia juntos, a menudo por personas que tratan de aliviar por su cuenta un dolor, lo que motivó la pregunta inicial.

Conviene ser claro sobre lo que esto establece y lo que no. Es investigación mecanicista en animales que sugiere una vía compartida en un tipo concreto de dolor. No es prueba de que ninguna de las dos plantas, ni su combinación, sea un tratamiento eficaz o adecuado para nada en seres humanos.

La colisión metabólica: el aspecto que conviene tomarse en serio

Más allá de los receptores, el cannabis y el kratom también se encuentran en el hígado, y este es el solapamiento más relevante en la práctica.

Ambos compuestos son procesados por las mismas enzimas metabolizadoras, en particular el CYP2D6 y el CYP3A4. En un estudio con ratas, la administración conjunta de CBD aumentó la exposición sistémica a los alcaloides del kratom, duplicando aproximadamente los niveles de mitraginina y retrasando el momento de su pico [3]. Tanto el CBD como la mitraginina son inhibidores del CYP2D6, de modo que cada uno puede ralentizar la eliminación del otro.

En lenguaje llano: cuando ambos están presentes, el organismo puede metabolizar el kratom más despacio, por lo que «la misma cantidad» puede comportarse de forma distinta y menos predecible que por sí sola. De nuevo, son datos preclínicos y en animales, pero se trata de una interacción mecanísticamente plausible, anclada en vías enzimáticas conocidas, y no de un bulo de Internet.

Hay una forma sencilla de plantearlo para quien conoce bien la cultura del cannabis. El «efecto séquito» —la idea de que los compuestos de una planta pueden potenciarse entre sí— se celebra sin descanso. Las interacciones farmacocinéticas son su prima menos glamurosa: una potenciación que nadie pidió y difícil de prever.

Qué significa esto y qué no

Esta es la parte más importante, así que conviene decirlo sin rodeos.

Lo que respalda la evidencia: la afirmación de que el cannabis y el kratom no guardan relación farmacológica es sencillamente inexacta. Comparten vías de señalización en los receptores (incluido el sistema cannabinoide) y compiten por las mismas enzimas hepáticas.

Lo que la evidencia no respalda: que combinarlos sea beneficioso, sinérgico de forma útil, seguro o aconsejable. Los hallazgos anteriores proceden en su inmensa mayoría de células y roedores. Los datos sólidos en humanos sobre la combinación son muy limitados. Las respuestas individuales varían enormemente, y cada planta conlleva sus propias consideraciones: el kratom, en particular, presenta un potencial documentado de dependencia y síndrome de abstinencia, y la calidad y el etiquetado de los productos pueden variar mucho entre vendedores y lotes.

La conclusión honesta es que esta biología compartida es motivo de curiosidad y cautela, no una luz verde. Las interacciones enzimáticas aquí descritas también afectan a numerosos medicamentos con receta, y precisamente por eso esto no es algo que deba abordarse a base de ensayo y error.

Una nota sobre la legalidad y la seguridad

El estatus legal del kratom varía enormemente de un país a otro y puede cambiar con escaso preaviso, de modo que cualquier persona interesada debería consultar la normativa local en lugar de darla por supuesta. Más importante aún: quien plantee usarlo —especialmente junto con medicamentos, problemas de salud preexistentes o durante el embarazo— debería consultar primero a un profesional sanitario cualificado.


Aviso legal

Este artículo se ofrece únicamente con fines informativos y educativos de carácter general. No constituye asesoramiento médico, sanitario ni jurídico, y no pretende diagnosticar, tratar, curar ni prevenir ninguna afección, ni fomentar el uso de ninguna sustancia. La investigación comentada es en gran medida preclínica (estudios celulares y en animales) y no debe interpretarse como prueba de seguridad o eficacia en seres humanos. Consulta siempre a un profesional sanitario cualificado antes de tomar decisiones que puedan afectar a tu salud, y cumple las leyes vigentes en tu lugar de residencia.

Fuentes

  1. Mitragynine (Kratom)-Induced Cognitive Impairments in Mice Resemble Δ9-THC and Morphine Effects: Reversal by Cannabinoid CB1 Receptor Antagonism. Frontiers in Pharmacology, 2021. frontiersin.org
  2. Cannabinoid mechanisms contribute to the therapeutic efficacy of the kratom alkaloid mitragynine against neuropathic, but not inflammatory pain. 2023. Disponible en PubMed Central: pmc.ncbi.nlm.nih.gov
  3. Pharmacokinetic Interaction of Kratom and Cannabidiol in Male Rats. Pharmaceutics, 2024. Disponible en PubMed Central: ncbi.nlm.nih.gov
Luke Sholl
Luke Sholl

Fascinado por el potencial de bienestar de la naturaleza, Luke lleva más de una década escribiendo sobre el cannabis y su amplia selección de cannabinoides. Investigando, creando y escribiendo contenidos para Cannaconnection, junto con otras publicaciones relacionadas con el sector, hace gala de grandes habilidades técnicas para el SEO y una investigación minuciosa para llevar contenido basado en evidencias a miles de usuarios.